CUANDO LA POLÍTICA ENTRA AL HOSPITAL, LOS PACIENTES PAGAN LAS CONSECUENCIAS

 


Soy el Dr. Carlos Angulo, neurocirujano venezolano, ex Jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda de Barquisimeto, Vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Neurocirugía, Presidente del Colegio de Médicos del Estado Lara y Past Presidente del Rotary Nueva Segovia.

Escribo estas líneas desde el exilio, una condición que jamás imaginé vivir después de dedicar mi vida a la medicina, a la formación de especialistas y al servicio de los pacientes venezolanos.

Durante más de veinte años ejercí exitosamente la neurocirugía en Venezuela. Pude haber continuado exclusivamente en el ejercicio privado, disfrutando de la estabilidad profesional que había construido con esfuerzo. Sin embargo, decidí dedicar una parte importante de mi vida a fortalecer la neurocirugía pública, convencido de que los pacientes más humildes merecían atención de calidad independientemente de su condición económica.

Durante cuatro años lideramos una transformación profunda del Servicio de Neurocirugía del Hospital Central de Barquisimeto. Con el apoyo de especialistas, residentes, enfermeras, personal administrativo y trabajadores comprometidos, logramos rescatar espacios, modernizar procesos, fortalecer la actividad académica y devolver esperanza a miles de familias.

Más de dos mil pacientes fueron intervenidos quirúrgicamente durante ese período. Miles de consultas fueron atendidas. Se fortaleció la formación universitaria de nuevos neurocirujanos. Se construyó un servicio que comenzaba a convertirse en referencia nacional a pesar de las enormes limitaciones que enfrentaba el sistema de salud venezolano.

Pero el éxito de una institución independiente suele incomodar a quienes pretenden que todo esté subordinado a intereses políticos.

Con el paso del tiempo comenzaron las presiones, los obstáculos y las acciones dirigidas contra quienes participábamos en la defensa de la autonomía profesional, la ética médica y el derecho de los pacientes a recibir atención de calidad.

Estoy convencido de que muchos de los acontecimientos que posteriormente ocurrieron no estuvieron relacionados con criterios médicos, académicos ni administrativos, sino con una retaliación política contra quienes decidimos mantener posiciones independientes y expresar nuestras opiniones con libertad.

Lo que siguió fue devastador.

Profesionales de altísima formación fueron encarcelados.

Otros fueron sometidos a persecución judicial.

Muchos se vieron obligados a abandonar sus cargos.

Algunos tuvieron que abandonar el país.

Yo mismo tuve que salir de Venezuela para preservar mi libertad y mi seguridad personal.

No fui expulsado de un cargo.

Fui separado de mis pacientes.

Fui separado de mis alumnos.

Fui separado del hospital al que dediqué años de trabajo y sacrificio.

Lo más doloroso es que las víctimas principales nunca fuimos los médicos.

Las víctimas han sido los pacientes.

Cuando un especialista es perseguido, el paciente pierde una oportunidad de tratamiento.

Cuando un docente es apartado de la universidad, una generación completa pierde formación.

Cuando un servicio es desmantelado por razones ajenas a la medicina, quienes sufren son las familias venezolanas que dependen del sistema público de salud.

Pensé que la magnitud de lo que estaba ocurriendo provocaría una reacción colectiva.

Pensé que miles de pacientes que habían recuperado su salud levantarían su voz.

Pensé que la sociedad defendería el derecho a conservar un servicio que había demostrado resultados.

Pensé que el personal hospitalario encontraría la fuerza para defender los espacios construidos con tanto esfuerzo.

Pero el miedo se había convertido en una herramienta demasiado poderosa.

Y cuando una sociedad aprende a guardar silencio por temor a las consecuencias, las injusticias terminan normalizándose.

Hoy las consecuencias están a la vista.

La capacidad asistencial se ha deteriorado.

La actividad académica ha disminuido.

La formación de nuevos especialistas enfrenta incertidumbres.

La experiencia acumulada durante años se ha perdido.

Los pacientes esperan más.

Los pacientes sufren más.

Los pacientes tienen menos oportunidades.

Por eso este documento no busca despertar lástima.

Busca dejar testimonio.

Busca denunciar cómo la interferencia política puede destruir años de trabajo médico y académico.

Busca recordar que ningún sistema de salud puede prosperar cuando la lealtad política vale más que la preparación profesional.

Busca advertir que la persecución de médicos jamás beneficia a los pacientes.

Y busca reafirmar que Venezuela necesitará algún día reconciliarse con sus mejores profesionales si realmente aspira a reconstruir su sistema de salud.

No guardo odio.

No guardo resentimiento.

Guardo la satisfacción de haber servido con honestidad.

Guardo el orgullo de haber formado especialistas.

Guardo el agradecimiento de miles de pacientes.

Y guardo la esperanza de regresar algún día a una Venezuela donde ningún médico tenga que escoger entre su libertad y su vocación de servicio.

Ese día volveremos a construir.

Y volveremos a demostrar que la medicina debe estar al servicio de la gente y nunca subordinada a intereses políticos.


Dr. Carlos Angulo

Neurocirujano Venezolano

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