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03 agosto, 2015

Gastar, trocar y endeudarse son algunas maneras de proteger el bolívar


Recomiendan que quienes tengan acceso a crédito lo pidan | FOTO: MANUEL SARDÁ


Analistas destacan que el tiempo cuenta cuando se trata de resguardar el poder adquisitivo, mucho más en una economía con escasez 

BLANCA VERA AZAF 
BVERA@EL-NACIONAL.COM

Un bolívar fuerte representa actualmente 0,0014 centavos de dólar a la tasa del mercado paralelo; es decir, no tiene poder para adquirir productos. De allí que las economistas Tamara Herrera y Anabella Abadi recomiendan comprar hoy el producto que se encuentre porque en unos meses posiblemente no se conseguirá o será imposible pagarlo en bolívares. También sugieren no descartar el trueque y el endeudamiento como una práctica que facilita el acceso a bienes necesarios.
La inflación puede cerrar entre 180% y 220% para finales de 2015, según cálculos de firmas internacionales. Actualmente el alza promedio de precios pasa de tres dígitos; mientras que  la escasez alcanza 60,7%, de acuerdo con cifras de Datanálisis al cierre de mayo.
Tamara Herrera considera que una manera de proteger el patrimonio, grande o pequeño de la familia, es comprando bienes que eventualmente se puedan vender o trocar. “Esta es una de las expresiones de la dinámica de la hiperinflación. Los seres humanos vamos incorporando diversas formas de protección a la vida diaria”.
Hace hincapié en que no importa a qué clase social se pertenezca, la práctica para proteger el dinero y hacerlo rendir es la misma. Cita como ejemplo la persona que vende café en las colas de las autopistas o en un pequeño establecimiento. Aun cuando no necesite otro termo para guardar el café debe pensar en comprarlo porque hay grandes probabilidades de que en unos meses no podrá pagar el precio. “Cuando ya se está en una dinámica hiperinflacionaria, el tiempo que transcurre es importante”.
Su colega Anabella Abadi asegura que más que resguardar el valor del bolívar, actualmente la respuesta que hay que hallar es cómo proteger el valor del trabajo. “Cada día que pasa la inflación se come lo que ganamos; por eso se deben invertir los bolívares –pocos o muchos– en bienes que no pierdan valor”.
Parte de esos productos pueden ser tecnológicos, equipamiento para el hogar, un inmueble, remodelaciones, un vehículo o repuestos. “Son difíciles de conseguir y son costosos, pero hay que intentarlo si se presenta la oportunidad”. Menciona el caso de algunos alimentos no perecederos que pueden guardarse como los enlatados que en un tiempo podrían no ser tan asequibles.
Abadi también recomienda que quienes tengan acceso a un crédito de cualquier tipo o con cualquier instrumento lo pidan porque las tasas de interés en estos momentos son negativas; es decir, están por debajo de la inflación.
Es aconsejable que en las familias se “adelanten” los pagos o gastos que saben tendrán que hacer en los próximos meses. Tales son los casos de los uniformes, útiles escolares, vestido y calzado e incluso el tradicional “estreno” de diciembre. “Esto debe hacerse porque probablemente en unos meses todo estará mucho más caro y será difícil poder comprarlo”.
Otros gastos que son importantes hacer, en estos momentos de alta inflación y escasez, son los chequeos médicos y todo lo que involucre la salud, apunta Abadi. Añade que cualquier inversión en educación vale la pena porque  en Venezuela sigue siendo muy económica si se compara con otros países. “Invertir en preparación personal nunca está de más”.
Sobre la compra de dólares, Abadi afirma que hay quienes lo recomiendan, pero en el caso de una persona que le sobren 600 u 800 bolívares podría adquirir un dólar. El problema con esto es que el precio parece estar demasiado “inflado” y si en unos meses baja la cotización podría perder dinero.
Tamara Herrera opina que no es viable en el contexto actual proteger del todo al bolívar. “Eso significaría levantar la demanda de dinero y para ello tienes que rescatar la economía y sus perspectivas, las condiciones para hacer negocios desde el más pequeño hasta el más grande. Se trata de tener una economía que sea amplia, flexible y lo más libre posible. Dentro de esa situación sí habría una demanda de bolívares y no de dólares como ahora”.
Colas y violencia
La economista Tamara Herrera indica que la hiperinflación es la manifestación de una situación de colapso económico y social. Agrega que no es solo un problema que se presenta con los precios, sino con lo que cuesta un producto con respecto a otro.
Las manifestaciones están a la vista de todos a través de la escasez, en las colas y en la violencia. “Es cuando se presentan síntomas de un Estado fallido”.
Añade que hay que ver la hiperinflación dentro de un contexto de país, donde hay una pérdida de autoridad del gobierno, con una situación del sistema de salud precaria, una gran velocidad en el cambio de los precios y de su referente con relación a otros: “La hiperinflación es una desgracia mayúscula. Es una condena contra los asalariados y por eso la gente y empresas medianas o grandes tratan de refugiarse en la compra de bienes, trabajando mucho más horas o ‘bachaqueando’, y el gobierno no parece percatarse de ello. Una situación como la actual no tiene precedente en nuestro país”.

Expropiaciones alejan a inversionistas de Venezuela



La Patilla.com
El analista económico Tomás Socías López afirmó que la toma de terrenos que realiza el Gobierno nacional contra La Polar y Pepsi Cola aleja a los inversionistas, especialmente a los interesados en producir en el país.
El ex viceministro de Fomento objetó la orden de desalojo de los terrenos de esas empresas en La Yaguara, en Caracas, donde se almacenan alimentos. Recordó que además la medida afectó la logística de distribución de 12 mil toneladas de productos de primera necesidad, y 6 millones de litros de bebidas a más de 9 mil 900 clientes, a 19 municipios del Área Metropolitana de Caracas, Vargas y Miranda.
La solución al déficit habitacional no está en la toma de terrenos de la empresa privada, porque el Gobierno cuenta con hectáreas de terrenos vacíos, recordó Socías.
Cinco mil empleos
Juan Crespo, presidente de la Federación de Trabajadores de la Harina, rechazó la expropiación de galpones de La Yaguara porque también arriesga más de cinco mil empleos.
Consideró que se trata de una grave improvisación del Gobierno por tratarse de un punto clave de distribución de alimentos.

Escasez y aumento de precios convierten el 2015 en el año negro de los venezolanos



A las 6:00 de la mañana del martes Carla Aguirre comenzó a hacer una fila para comprar carne a 600 bolívares el kilo (86,73 euros según el cambio oficial), en la red de alimentos del Gobierno venezolano llamada Mercal, en La Trinidad, Caracas. Era martes y como su hija salía a la 1:00 de la tarde del colegio no la pudo buscar, ya que hasta las 3:48 de la tarde Carla no logró comprar lo que necesitaba. Jesús Torrealba, secretario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha convocado una marcha “contra el hambre” el próximo sábado. Casi todo un día debió esperar bajo el sol, recibiendo órdenes de militares. En cualquier otro lugar el precio hubiese sido el doble, unos 1.200 bolívares (173,46 euros) por el kilo.
Carla contó que apenas gana “un poco más” del sueldo mínimo, que es de 7.421,66 bolívares en Venezuela (1.072,80 euros), por lo que debe buscar el mejor precio. “Vivo con dos personas más, que no trabajan. Mi hija y mi madre. Compramos unos tres kilos de carne en la quincena. No puedo pagarla más cara”, señaló.
Si Carla comprara los 6 kilos de carne que consume su familia al mes en un supermercado a 1.200 bolívares el kilo (lo que cuesta en casi todo el país), gastaría casi todo su dinero solo en carne: 7.200 bolívares.
Las neveras de Mercal, a las 4:00 de la tarde, ya lucían desoladas. La gente se llevó todo lo que pudo. Solo quedaba carne molida, de segunda calidad. El olor en el lugar era casi nauseabundo. Las neveras estaban llenas de sangre y, detrás de ellas, sobre una pared blanca también manchada de sangre, una foto del presidente Nicolás Maduro y a su derecha, una imagen de “su padre”, como él lo llama, el fallecido mandatario Hugo Chávez.
Según el comunicado publicado en la cuenta de Twitter de la Mesa de Unidad Democrática opositora, la protesta convocada para el 8 de agosto tendrá lugar de forma simultánea en todo el país y en ella se planteará “el conjunto de propuestas que la MUD exige sean adoptadas de inmediato para enfrentar con sentido común, y no con balas, la crisis creada por la corrupción e ineptitud oficial”.
En el mensaje, Jesús Torrealba comienza por rechazar la muerte, el viernes, de un joven en medio de un saqueo en un comercio de alimentos en San Félix, estado de Bolívar, en el sureste del país.
La reacción oficial a la última muerte causada por la escasez y la desesperación fue muy distinta. Nicolás Maduro, afirmó que el saqueo fue “planificado” y ejecutado por “la derecha maltrecha” que recibe órdenes de Estados Unidos para intentar dar al traste con la Revolución Bolivariana.
Pero el comunicado de la MUD achaca la tragedia a “ciudadanos desesperados por el hambre y la escasez que incurrieron en lamentables hechos de violencia”.
2015: el año negro
2015 ha sido, de lejos, el año en el que la escasez de alimentos y medicinas y el aumento de los precios más ha afectado a los venezolanos. La carne que se consigue a 1.200 bolívares por kilo se podía comprar hace una semana en 950 bolívares . De acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social, para el cierre de 2015 la inflación en Venezuela podría llegar a 200%. Otras fuentes la elevan hasta el 500%. La mayoría de la comida la importa el Gobierno, pues casi no hay producción nacional.
Sabrina -prefirió reservar su apellido- logró comprar en la misma tienda de Mercal que Carla, una bandeja que trae carne y pollo por 1.050 bolívares. Está desempleada, por lo que debe buscar el precio más bajo: “Hay que hacer horas de cola y si no se consigue, toca ir con los revendedores, que venden un champú en 600 bolívares”, expresó.
Una mujer carga con todo tipo de productos, en Caracas.REUTERS
Su historia la contó el martes, que es el día en el que debe ir a los supermercados para comprar ciertos artículos, según el último número de su cédula de identidad. Los productos que escasean en Venezuela, como la harina, leche, aceite, champú, papel higiénico o toallas sanitarias, entre muchos otros, solo pueden comprarse una vez a la semana. El número de la cédula de identidad determina el día; en otros casos lo hace la huella dactilar, pues algunos establecimientos cuentan con un sistema de identificación de la huella que distribuyó el Gobierno.
Los revendedores que menciona Sabrina aprovechan estas limitaciones. Compran, por ejemplo, el champú en menos de 100 bolívares (14,46 euros) y lo venden a 600 bolívares (86,73 euros), una ganancia de más de 600%. Se calcula que con una inversión de 1.000 bolívares ganan más de 7.000 bolívares. Mientras, con un sueldo mínimo, una persona como Carla solo podría comprar 12 envases de champú.